
Miles y yo celebramos nuestro medio año de beca muy muy lejos de Rabat. ¡Quién nos iba a decir hace un año que viajaríamos juntas a PARÍS!
París... Mi recuerdo de París no podía ser más bonito, y eso que mi primera y última visita fue con 17 años. Esta vez París me siguió pareciendo la ciudad más bonita que he visto nunca.
Día y medio en la ciudad más bonita del mundo da para mucho, para visitar casi todo lo posible corriendo de un lado a otro, para charlar y ponerse al día con nuestro habibi Víctor (que nos trató como a dos reinas moras) y para pensar, para pensar muucho. Pensar sobre la beca, sobre cómo habría sido un año allí, en cómo unos señores en un despacho pueden decidir la manera en que pasarás un año de tu vida.
Supongo que en París habría sido feliz, muy feliz. Me gustan las ciudades grandes, ciudades con monumentos, museos, parques, ciudades también con rincones que descubrir cada día, ciudades que me inciten a salir, ver, conocer, caminar... lugares en los que me siento como una pequeñita pieza y puedo camuflarme entre la gente.
Eso es algo que no tiene Rabat. En mi (muy querida ya) Rabat, las cosas se mueven a un ritmo lento, los rincones no son tantos y sobre todo no soy una pieza más, no puedo camuflarme entre la gente que camina por la calle.
Pero mi año en Rabat, quizás me esté enseñando muchas cosas que no habría aprendido en París o en cualquier ciudad parecida (si existe). Vivir en Marruecos y en Rabat me está enseñando mucho sobre lo diferente que pueden ser el mundo, la vida y las personas.
Estoy aprendiendo que la gente vive con mucho menos, que las cosas (todo) pueden funcionar y no siempre como yo las haría funcionar, que cosas que a mí me hacen abrir la boca de sorpresa (como un hombre en albornoz en medio de la calle) son completamente indiferentes para la gente. (Ese hombre seguramente volvía de haberse lavado en el hammam)
Estoy aprendiendo también a ser más paciente, mucho más paciente. También a agrandar mi capacidad de comprensión y adaptación hasta límites insospechados antes de llegar aquí...
En definitiva, puede que unos señores en un despacho no me enviaran a vivir en la ciudad más bonita del mundo, pero me han enviado a aprender, a tener una experiencia que me está haciendo crecer y eso es muy grande, es algo que agradezco de verdad.
Ahora sí... fotos de un maravilloso finde en París:

Muchas mercis Víctor, eres un gran anfitrión!






y el Sacre Coeur sigue siendo mi lugar favorito...


La mejor compañía para ver la ciudad


Impresionante el edificio de la ópera

¡ Y las galerías Lafayette mucho más!




París, je t´aime...
Estoy muy de acuerdo con tu reflexión. Y me alegra saber que Zanahoría es buen anfitrión... Ya iremos, ya :P
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